Por Lady Zamudio – Coordinadora Técnica de Emprendimientos Económicos

Gestionar el tiempo de manera eficaz y efectiva, no es una ciencia extraordinaria; sino un ejercicio diario de planificación y control consciente en el desarrollo de actividades, que nos permite mantener o incrementar nuestra productividad ya sea de manera particular o en forma asociativa.

Además, hacer una buena gestión del tiempo, equilibra de manera positiva la calidad de vida laboral y familiar.

Dentro de una organización, se deben planificar las actividades en orden de prioridad, existen acciones mecánicas sobre todo en los procesos productivos y de transformación; pero en el área contable y financiero cada día puede traer su afán. Es sumamente importante culminar una tarea una vez la iniciamos, la multitarea o empezar varias cosas a la vez, lo único que genera es distracción y aumenta la posibilidad de cometer errores, procrastinar en la ejecución o dejar que las distracciones hagan parte de nuestro tiempo laboral nos cuesta tiempo valioso del día, para finalizar es vital entregar lo encomendado en los tiempos establecidos.

La meta en las organizaciones está en aumentar la productividad, entregar más productos o servicios con menos recursos, gestión basada en la reducción de costos sin perder la calidad de lo ofertado. Para optimizar y garantizar el objetivo, es necesario adoptar las prácticas anteriormente mencionadas.

La asignación de tareas puntuales entre los miembros de la organización, así como la delegación de funciones evita conflictos laborales, reduce el absentismo, fomenta la puntualidad y mejora la productividad.

Buscar alternativas para desarrollar nuevas competencias o contribuciones, que generen valor agregado para optimizar los procesos y promover el intercambio de mejores prácticas entre los asociados, ayuda a mejorar el desempeño de la operación como una sola máquina en la producción de productos o servicios.

Para finalizar y no menos importante, la adopción de tecnologías adecuadas como efecto transformador para conseguir aumentar el rendimiento final de la organización y la posibilidad de generar un valor positivo diferencial en la atención a los clientes.

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