Autores y fotografías: Yehilin Pérez, Leder David Flórez
Municipio: San Lorenzo. Asociación: Alianza Red de Familias Lorenseñas las Gaviotas y Red de Guardianes de Semillas de Vida
Doña Isabel tenía una forma muy particular de preparar un café, yo era un niño y me gustaba visitarla, ella era una señora de unos 75 años, muy amable. Vivía sola; en una casa grande con sus paredes de tapia y techo de teja de barro quemado.

Alrededor de la casa había unos cuantos arboles de café, era grandes, con ramas frondosas y sus frutos, aunque no eran muchos estaban por todo el árbol. Esos árboles eran diferentes, no se parecían en nada a los que vemos hoy.
Una tarde que la visitábamos en compañía de mi mamá, la encontramos recolectando café en un canasto construido con carrizo. Se alegró al vernos llegar, nos invitó a pasar y nos pidió que nos sentáramos en un escaño que estaba en el corredor de la casa.
Cerca de donde estábamos había una piedra grande con forma de un gran plato, doña Isabel la lavó y luego echó el café que había cosechado y con una piedra más pequeña empezó a majarlo con cuidado para retirar la cascara.
Mientras ella conversaba con mi mamá separaba la cascara de las semillas de café. Cuando termino, recogió todo el café y lo colocó en un colador y lo lavó con un poco de agua para retirar alguna mugre que tuviera. Luego lo echó en una olla de barro, la colocó en el fogón y con una espátula de madera lo revolvía, leña aviva el fuego.

Después de un rato el aire se llenó de un aroma exquisito, era la señal de un café cerca de llegar a su punto perfecto de tostión. Con una cuchara saco unas pepas para verlas más de cerca y comprobar que estaba tostado correctamente y retirarlo del fuego.
Lo dejo reposar por un rato, entretanto coloco una olla con agua al fuego para preparar el café, en un molino sujetado a un madero enterrado en el piso de la cocina, se puso a moler el café. Con el café ya en polvo; coloco un poco sobre un talego de tela para colarlo con el agua hirviendo. Luego lo endulzó un poco y nos brindó el café mientras el humo salía de la taza.
Lo recuerdo con nostalgia, todo ha cambiado; doña Isabel ya no está, el café se procesa diferente y solo me queda cerrar los ojos y volver al pasado.
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